Ayer, durante el Ángelus, el Papa dijo que Pedro y Pablo no podrían haber sido más distintos el uno del otro: distintos por procedencia, formación y carácter. El Señor, que llamó a ambos de distintas maneras, no quiso uniformarlos, y los Hechos de los Apóstoles no quisieron ocultar sus divergencias, sus choques, incluso. Sin embargo, afirmó el Papa, en el colegio de los Apóstoles, Pedro y Pablo no fueron adversarios, sino que llegaron a ser el símbolo de muchas otras diferencias que el único Espíritu compone en unidad.
El siempre sagaz obispo de Trondheim, Erik Varden, decía casi al mismo tiempo en su blog que le resulta sorprendente que la Iglesia jamás haya disimulado sus discrepancias. Y se refiere a un cuadro que se titula «Pablo reprende al penitente Pedro», en el que Pablo aparece de pie, hablando con gravedad a Pedro, que está sentado mientras la llave del Reino (símbolo del encargo que le hizo Jesús) yace en el suelo junto a él. La llave le ha sido confiada pero no ...